Adam Johnson - George Orwell fue amigo mío

martes, 31 de enero de 2017



Título original: Fortune Smiles
Traducción: Carles Andreu
Año: 2015
Editorial: Seix Barral
Páginas: 312
Valoración: ★★★


¿Puede ser que se haya publicado en enero el mejor libro del año? Habrá que esperar once meses para conocer la respuesta. Sin embargo, me cuesta imaginar un título que pueda ensombrecer a corto plazo a las seis historias reunidas en esta brillante colección. Desde Diez de diciembre no se había cruzado en mi camino un libro de relatos tan potente ni tan devastador como este. Su artífice, el escritor estadounidense Adam Johnson, nos traslada en ellas a un mundo sospechosamente similar al nuestro donde la tecnología ejerce un papel dominante y permite expresar nuevas y desalentadoras formas de lidiar con el sufrimiento. Huracanes, esposas moribundas, desertores norcoreanos, canciones de Kurt Cobain y pedófilos arrepentidos en busca de redención son solo algunos de los elementos que Johnson maneja con mano experta en esta obra donde se fusionan el humor y la tragedia de manera extremadamente inteligente. 

Ya desde la primera página, lo virtual se presenta como una solución aceptable para encarar el dolor. Por eso, no ha de extrañarnos que el protagonista de Nirvana, la historia que abre la colección, mantenga conversaciones con el holograma de un presidente asesinado que él mismo ha reconstruido partiendo de discursos y conferencias extraídas de Internet. De esta manera pretende encontrar un poco de consuelo ante la enfermedad de su esposa, una rara afección del sistema nervioso que le impide moverse de la cama, donde se pasa horas enteras escuchando a su ídolo, Kurt Cobain, y cavilando en la idea del suicidio. Sobre matrimonios difíciles también habla la magistral Datos interesantes, de corte autobiográfico, en la que una superviviente de cáncer mamario relata su dura batalla contra la enfermedad y sus secuelas (así como el efecto que produce en los miembros de su familia) mientras el mundo a su alrededor se va desmoronando lentamente hasta perder la solidez. 


«Nos hundimos en un pozo de desesperación estrecho y profundo, un lugar que nos separa del mundo. Todo lo nuestro está ahí, en el fondo del pozo —nuestras carreras, nuestros objetivos, nuestros viajes y nuestros hijos—, tan cerca que podemos ahogarlo para salvarnos nosotros».


La historia que da título a la colección es también una interesante reflexión sobre la memoria y el poder del autoengaño. En ella, un antiguo funcionario de prisiones que trabajaba para la Stasi en la Alemania del Este comienza a recibir una serie de paquetes que contienen efectos personales de su época como carcelero. George Orwell fue amigo mío explora de manera rotunda temas como la culpa, la manipulación informativa y la responsabilidad por los crímenes cometidos, estableciendo a lo largo del relato una conversación entre verdugo y víctima que conduce a un sorprendente desenlace. Por otro lado, Huracanes anónimos, si bien es la historia que menos me ha impresionado, presenta un emotivo a la par que desolador retrato de cómo es la vida en una ciudad azotada por el Katrina, un escenario ciertamente arrasado donde, a pesar de todo, un joven repartidor conseguirá restablecer la relación con su padre moribundo y su desconocido hijo, al que se verá obligado a cuidar tras la desaparición de la madre. 


«Lo mas extraño no es la destrucción; uno ya se espera encontrarlo todo abotargado, como un cadáver, colchones empapados y neveras reventadas. No, lo mas desconcertante son las prendas de ropa que cuelgan de las ramas de los árboles, que, vistas con el rabillo del ojo, parecen personas que te vigilan. Otra cosa que da bastante grima es que, en lugar de verte reflejado en las ventanas de las casas, tu imagen se pierde en sus habitaciones oscuras». 


En La sonrisa de la fortuna, Johnson regresa al escenario de la novela con la que ganó el Pulitzer, poniéndonos en la piel de dos desertores norcoreanos que tratan de adaptarse al opulento y deslumbrante ambiente que se vive en Corea del Sur. Por último, Pradera Oscura, sin duda el relato más crudo, perturbador e impactante de todo el libro, tiene como protagonista a un pedófilo experto en seguridad informática que trata de expurgar sus demonios colaborando con el rastreo de individuos que participan en la elaboración y distribución de pornografía infantil. Lo realmente jodido del relato no es lo explícito en sí, sino la sensación que te deja de desafección por la especie humana. Y es que, por decirlo de algún modo, las historias de George Orwell fue amigo mío constituyen un infalible remedio contra la felicidad. Son relatos que se leen al borde de la lágrima o con un puño retorciéndote las entrañas. Las contadas sonrisas que arranca se producen en situaciones de dudosa índole cómica. Y aún así, el excepcional estilo de Johnson posee una extraña cualidad reconfortante que sirve para afrontar hasta la experiencia más dramática.

No me cansaré de repetirlo: lo que Adam Johnson consigue con esta obra está al alcance de muy pocos escritores. La suya es literatura de altos vuelos, no apta para pusilánimes ni personas con la sensibilidad a flor de piel. Estos seis relatos, a los que solo me cabe calificar como magistrales, te someterán a los más intensos vaivenes emocionales, arruinarán tu paz mental y renovarán tu fe en el poder de las historias cortas para despertar reacciones tan diversas como violentas. Con este nuevo libro, de imprescindible lectura, Adam Johnson se postula como una de las voces más enriquecedoras de la narrativa norteamericana actual, demostrando que el aluvión de premios recibidos durante el último lustro es, lejos de inmerecido, producto de un extraordinario genio. 

3 comentarios :

  1. Yo tengo El Huérfano en casa esperando a que le de una oportunidad.
    Eso sí, no se puede tener más puntería que Johnson, primera novela, Pulitzer, primera colección de relatos, National Book Award

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  2. Y ya que mencionas Diez de diciembre parece ser que George Saunders por fin se ha animado y este año se publicará su primera novela

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  3. Guau, me has alucinado, la verdad que con ese título no sabía que me iba a encontrar. Un abrazo^^

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